Una mente inquieta detrás del Circo Social

El proyecto circense y comunitario de la localidad cordobesa de Las Albahacas fue reconocido por el Concurso de Arte y Transformación Social del FNA en 2017. Su creador, Adrián Chucaladakis, utilizó el premio para generar diversas acciones artísticas y de formación para impulsar el fortalecimiento de la localidad.

De pequeño Adrián “El Chuca” Chucaladakis vivía en pleno micro centro de la ciudad de Río Cuarto, rodeado de cemento. “Cuando tenía siete años -recuerda-, por esas casualidades de la vida, mis padres comenzaron a venir a Las Albahacas y terminaron construyendo una casa. Este pueblo está íntimamente ligado a mi infancia y juventud. En 1995 viajé a New York con un amigo y, saturados de todos esos lugares en donde el único objetivo era consumir, nos refugiamos en el Central Park. Cruzamos la calle y estábamos en un paraíso lleno de pájaros, ardillas y bichitos. Me pareció hermoso y terrible a la vez.  Me senté en una piedra, miré alrededor y me dije: yo algún día me voy a ir a vivir a Las Albahacas”. Y así fue.

En 2013, Adrián empezó a sentirse cansado y con terribles dolores en el cuerpo que le impidieron seguir trabajando como acróbata. “Pensé que era estrés pero resultó que tenía artrosis y un principio de artritis, lo que definitivamente me impidió continuar con cualquier tipo de actividad física. Necesitaba desconectar y me vine. Y sí, aquí se vive”, agrega.

Este hombre, nacido hace 49 en Río Cuarto y albahaquense por adopción, cuenta que tuvo su primer contacto con las artes circenses en el año 1998, durante un viaje a Chile, pero que recién en 2001 decidió zambullirse en el Circo Social. Así, luego de trabajar como electricista, profesor en una escuela técnica de La Pampa y herrero en un taller mecánico de tractores, y de su experiencia como estudiante de la carrera de Ingeniería, en el año 2003 -mientras cursaba la Licenciatura en Filosofía en la Universidad Nacional de Río Cuarto- comenzó a implementar las herramientas artísticas del Circo -trabajo en equipo, cooperación, cuidado del cuerpo propio, consciencia del otro- para generar participación y proyección social en su región. 

Dos años más tarde creó la Asociación Civil La Pista de Río Cuarto (ACLAP) que fue premiada por la Municipalidad de Río Cuarto por su labor comunitaria y, en dos oportunidades (2010 y 2012), por el programa UN-HABITAT de Naciones Unidas en reconocimiento a su buena práctica para mejorar la calidad de vida de las personas.

Con el objetivo de continuar capacitando formadores en la implementación de herramientas provenientes del circo que den solución a problemáticas de vulnerabilidad social, el año pasado Adrián presentó su proyecto en la primera edición del Concurso de Arte y Transformación Social creado por el Fondo Nacional de las Artes (FNA) en colaboración con otros ministerios y organismos públicos. “Nuestro nombre es Circo, pero nuestro apellido es Social. El circo se relaciona con las artes vivas, las acrobacias, el clown, el trabajo en equipo, la escenografía y las estructuras, pero cuando la utilización de todas las herramientas circenses genera un mayor desarrollo personal de sus participantes, se trata de un ejercicio pleno de la ciudadanía”, asegura.

El crecimiento de Circo Social -que actualmente cuenta con el apoyo de Cirque du Monde/Cirque du Soleil (Canadá)- no sólo hacía necesarias nuevas fuentes de ingreso, sino también la institucionalización de esta política pública. El FNA lo premió con $100.000 pesos que Adrián destinó a la generación y promoción de nuevas acciones de impacto social. 


Un concurso local para impulsar el arte transformador

La primera fue replicar el modelo del FNA y organizar el “1° Concurso para Proyectos Culturales y de Arte Transformador para El Chacay y Las Albahacas”. “La intención no pasaba por la simple copia, sino por demostrarle a todos los participantes que, en un futuro próximo, ellos mismos podían participar de concursos como los del FNA”, cuenta con emoción. En esa oportunidad, Adrián premió cuatro iniciativas de base comunitaria: “Raíces Albahaquenses”, para la organización de un encuentro con desfile de paisanos y concurso de asadores; “La Feria del Pueblo”, creada por mujeres que están comenzando a producir dulces, pastas, panificados y tejidos y que, con el dinero del premio, compraron caños y construyeron ocho puestos desmontables en mingas; “Espacio Suenaluna”, para el fortalecimiento de un espacio cultural en Villa El Chacay en donde se dictan talleres de cerámica y tejido; y “Duendes del Cerro”, presentado por un guitarrista local para capacitarse con un profesor de folclore y luego transmitir los conocimientos adquiridos a los más jóvenes.

“Durante la entrega de premios, se realizó una devolución sobre cada proyecto en la que, a cada uno, se le explicó sus aciertos y falencias. De allí, los mismos participantes pidieron una formación en Gestión Cultural”, relata en alusión a la segunda acción llevada a cabo con el dinero recibido. 

En colaboración con la Agencia Córdoba Cultura (que imprime apuntes gratuitos para los participantes), el Ministerio de Educación de Córdoba (que cede el salón de la escuela-albergue escolar) y con el Departamento de Arte y Cultura/ Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional de Río Cuarto (que aporta las horas de trabajo de la Magister en Gestión Cultural Silvia Aballay); Adrián y sus colaboradores ya llevan realizados cinco de siete encuentros sobre "Sensibilización y Capacitación en Gestión Cultural" a los que asistieron 35 personas, entre locales y habitantes de pueblos lindantes. 

“Cada encuentro dura seis horas y, desde el primero, cada participante o equipo de participantes, comenzó a trabajar en un proyecto cultural completo, real o a realizar, en el que relevan el mapa cultural, hacen censos de artistas, trabajan con métodos de diagnóstico, fundamentación, objetivos y presupuesto”.


Ideas para recuperar la historia albahaquence

Y así, como una cosa lleva a la otra, “durante el desarrollo del concurso y de la formación en gestión cultural, con otro grupo de personas concluimos que era necesaria la existencia de un espacio para el desarrollo de actividades socio educativas y culturales” que hoy existe y funciona en la Fundación Trelen Las Albahacas. A ésta Adrián le cedió -en comodato a treinta años- una propiedad ubicada en el centro del pueblo y decidió participar únicamente como voluntario adherente. “Aprendí que es mejor enseñar a transformar que trabajar para otros; que se debe trabajar con otros y no para otros”, explica. Este espacio, el único en un radio de 70 kilómetros, acepta propuestas y donaciones de quienes, de manera desinteresada y colaborativa, deseen colaborar en la transformación expansiva que lleva adelante Adrián.

Las Albahacas es una localidad de casi 300 habitantes, en su mayoría antiguos productores rurales que, hasta hace algunos años, se dedicaban a la cría de cabras, bovinos, ovinos, gallinas y sus derivados. “Ya casi no quedan especies nativas en el ejido urbano y todo se parece más a Alemania que a Las Albahacas; si el patrimonio natural desaparece, también desaparece la identidad del pueblo. Hay mucho trabajo para hacer aquí”, advierte Adrián.  

Por eso, al detectar que no sólo la historia más reciente estaba desapareciendo, sino que su pasado pre colonial tampoco estaba documentado, Adrián creó un nuevo concurso (“La Historia detrás de la Imagen”) con el que busca involucrar a los albahaquenses en la recuperación de la historia local y la revalorización de su patrimonio natural e histórico a través de la fotografía.