El cuerpo social que baila

Esto es Ritmo es un programa de extensión educativa de la Escuela Experimental de Danza Contemporánea municipal que lleva la danza contemporánea a los barrios más vulnerables de la ciudad de Neuquén. En 2017 ganó uno de los premios del Concurso de Arte y Transformación Social del FNA.

La escena se repite cada año en varias escuelas de barrios periféricos de Neuquén: un grupo de adolescentes, motivados por un “profe” de danza, corre los bancos del aula y se pone a bailar. Tienen en la cabeza un objetivo: la muestra de danza contemporánea Esto es ritmo que se realiza, ininterrumpidamente desde hace 12 años, en la ciudad de Neuquén. Así como los bancos que se corren, la educación formal le hace un lugar a la expresión corporal y la danza entra en las escuelas.

La iniciativa les pertenece a los docentes de la Escuela Experimental de Danza Contemporánea de la Municipalidad de Neuquén, que -a través de su área de extensión educativa- llevan adelante este proyecto artístico-social para acercar el arte a jóvenes y niños de ocho escuelas de sectores vulnerables de la ciudad. Casi 200 chicos, luego de ocho meses de clases y ensayos, cierran el año con un gran festival que se realiza en el Gimnasio del Parque Central.

En 2017, Esto es ritmo fue uno de los diez ganadores del primer Concurso de Arte y Transformación Social del Fondo Nacional de las Artes, y recibió $100.000 como reconocimiento a su labor. Es que el proyecto les brinda un espacio de contención a los adolescentes. “Esto motiva su confianza y especialmente los ayuda a que descubran su potencial a través de un proyecto comunitario”, explica Patricia Alzuarena, vicedirectora de la Escuela Experimental de Danza y responsable de la actividad. 

Las escuelas no son el único espacio donde se desarrolla el programa. Centros comunitarios y bibliotecas barriales también son lugares donde se reúnen para practicar.  A medida que se acerca la fecha de la muestra final, los chicos se acercan al Parque Central para los ensayos finales y se conectan con participantes de otras escuelas, lo que genera una red que crece año a año.

El resultado es una cantidad sin precedentes de beneficiarios. Durante los 12 años de vida del programa participaron 2.200 alumnos y alumnas, pero éste llegó indirectamente a 30.000 personas más. “El número nos indica que, si bien el proyecto se dirige a niñas, niños y adolescentes, son muchas personas las involucradas desde lo pedagógico (docentes, preceptores, directivos y auxiliares de servicio) como también desde lo afectivo – destaca Patricia – ya que los y las participantes son acompañados por familiares y amigos cercanos, que así ingresan al mundo de la danza y del arte en general”.

 Una idea que nació en Berlín

Todo empezó con las prácticas que los profesores y alumnos de la Escuela de Danza llevaban adelante en los barrios de Neuquén. Notaron allí cierta abulia y desgano en los adolescentes y una ausencia de espacios destinados a la creatividad e imaginación. Una profesora llevó al cuerpo docente un video de una experiencia realizada en 2003 en un teatro del área industrial de Berlín, donde 250 niños y adolescentes de distintas escuelas y diversas culturas (muchos de ellos inmigrantes) bailaron La Consagración de la Primavera, de Ígor Stravinski, coreografiada por Royston Maldoom, un coreógrafo inglés interesado en la transformación de lo social. El espectáculo estuvo acompañado por la Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por Simon Rattle. La experiencia los conmovió tanto que decidieron adaptarla a la realidad neuquina. 

“Cuando comenzamos, las clases se hacían a las 18 horas, luego de la jornada escolar, pero nos dimos cuenta de que los chicos dejaban de asistir porque es un horario complicado para los barrios donde llevamos adelante el programa.  Entonces buscamos la forma de que se hicieran más temprano”, señala.

Esto es ritmo permite a la escuela ocuparse de temas importantes como la salud, la violencia y los prejuicios. “Pero, además, brinda otra posibilidad de relación desde el respeto, la tolerancia, el trabajo en equipo y el cuidado del cuerpo. Se busca una canalización diferente de la energía, una posibilidad de transformar los aspectos violentos presentes en el trato y en el contacto, en aspectos de esfuerzo físico, direccionalidad de los impulsos y creatividad”, explica la vicedirectora.

Por supuesto, uno de los objetivos es el de ofrecer un espacio de expresión artística, pero donde los niños y jóvenes vivencien un proceso creativo con estructura planificada y organizada para llegar de manera eficiente a las funciones del espectáculo. “Esto abre las puertas a cada uno de los participantes a un horizonte más allá del día a día, en el que se puedan proyectar como seres valiosos, seguros y capaces de trascender a través de una propuesta de construcción colectiva”, refuerza Patricia.

El baile aparece aquí como un elemento trascendental en la formación de una comunidad juvenil. “La Danza Contemporánea nos da la posibilidad de expresarnos más libremente, respetando las aptitudes de cada cuerpo. Nos permite una movilidad más actual y en ese sentido nos propusimos la inclusión de nuevos lenguajes de movimiento como el hip-hop y el break dance. Esto no sólo nos permitió ampliar sus fronteras, sino que también logramos revalorizar saberes con los que nuestros adolescentes cuentan y que muchas veces no encuentran el espacio para compartirlos con sus grupos de pertenencia y familiares”. Lo que comenzó con Stranvinski poco a poco fue incorporando otras músicas que traían los chicos, como Latinoamérica, de Calle 13.

“El dinero del premio del Concurso del FNA nos permitirá cumplir con el sueño de comenzar a replicar el proyecto, primero en la provincia y tal vez en el país”, dice Patricia. A fines de agosto de 2018, Esto es ritmo irá al norte de Neuquén, a Chos Malal, un pueblo pequeño donde trabajarán durante tres días con 180 chicos de tres colegios secundarios. En septiembre, sumarán San Martín de los Andes, con 80 alumnos, y en octubre llegarán a Junín de los Andes.

Hoy dos alumnos del proyecto ya son profesores de la Escuela de Danza. “Esto es parte del futuro: pensar en la posibilidad de replicar la experiencia en otros lugares y también crear lazos entre las y los estudiantes del programa y la escuela para que puedan comenzar la carrera como profesores. Que los mismos participantes de Esto es Ritmo puedan dictar clases convierte al proyecto en un círculo virtuoso”.

En cada ciudad hay un profesor de danza, un músico, una escuela “y con eso se empieza”, se ilusiona Patricia.