Arte clown y alegría para cambiar la experiencia hospitalaria de los niños

“El lenguaje de los chicos no puede quedar fuera del hospital”, dice Mariano Rozenberg, director general de Payasos de Hospital, para explicar la misión de su organización. En 2017, el programa recibió un premio del Concurso de Arte y Transformación Social del FNA.

Hace diez años, el médico Mariano Rozenberg conoció la organización brasileña Doutores de Alegría¸ que busca mejorar la experiencia hospitalaria de los niños por medio del arte. Inspirado, regresó a la Argentina con la intención de crear un programa similar y, así, en 2008, nació Alegría Intensiva

Para desarrollar su proyecto, Mariano -actual Director general de Alegría Intensiva- convocó a su colega Andrés Kogan -hoy Director ejecutivo- y a Irene Sexer y Silvina Sznajder quienes, por su amplia formación en clown, actuación, danza y música, son las responsables de la Dirección Artística de la organización.

Cada mañana, veintitrés payasos profesionales recorren entre 50 y 60 camas de 10 hospitales pediátricos porteños para recuperar la parte sana de cada niño y ampliar, de esta manera, el concepto de salud.

Durante la última década, Alegría Intensiva desarrolló cuatro programas entre los que se encuentra Payasos Profesionales de Hospital, programa fundacional por el cual, en 2017, el Fondo Nacional de las Artes premió a la asociación con $100.000 en su primer Concurso de Arte y Transformación Social.

Las otras tres líneas de acción incluyen el proyecto Escenarios de Hospital (shows en vivo en salas de espera), el Centro de Formación (escuela en CABA para formar payasos y clowns, y de formación de formadores en todo el país a través de la capacitación de grupos e instituciones) y, desde este año,  el Centro de Estudios (un board con los principales directores médicos de los hospitales en el que se  genera contenido y agenda sobre qué sucede con la experiencia hospitalaria de los niños). Este centro es también el marco en el que Alegría Intensiva desarrolla su primer trabajo de investigación médico-científica sobre el impacto de los artistas en los chicos y en su experiencia de internación.

 

¿Qué los inspira a realizar este trabajo?

Para los niños el juego no es una actividad sino un lenguaje a través del cual se comunican con el mundo exterior y con su mundo interno. La internación hospitalaria es muy traumática, tanto para ellos como para adultos. Todos perdemos el contacto con casa, con la escuela, con el trabajo, con los afectos. Los niños, a diferencia de los adultos, aun padeciendo enfermedades graves -y a veces terminales- nunca pierden las ganas y la necesidad de jugar; esta es una característica intrínseca de la infancia.

Los hospitales no hablan el lenguaje de los niños, ni siquiera los pediátricos. Este lenguaje no puede quedar fuera del hospital porque entra con los chicos. Por eso hacemos lo que hacemos: porque creemos que los hospitales tienen que ser mucho más amigables para los chicos; que tienen que hablar el lenguaje de los chicos y porque vemos el impacto que genera el lenguaje clown sobre ellos.

 

¿Por qué el lenguaje clown y no otro lenguaje artístico?

La intervención artística de Payasos de Hospital no está pensada para que los chicos y sus familias aplaudan lo maravilloso que son los artistas; es a la inversa: es una intervención que se pone al servicio de los niños. Por eso se utiliza la improvisación. Como dice un colega brasilero, “los clowns no van al hospital a actuar, van al hospital a vivir”. El clown no está actuando sino viviendo desde su concepción paralela de la realidad.

El lenguaje clown, por definición, tiene una relación muy estrecha con el juego simbólico en la infancia. Los chicos agarran un palo de escoba y lo transforman en un caballo; tiran una sábana arriba de una mesa y, mientras hay juego, es una cueva. Estimular esa capacidad de imaginación permite que, una vez que el payaso se retira de la sala, ese niño ya no perciba a su entorno de la misma forma.

Hay cuatro pilares que rigen nuestro trabajo. El primero es el permiso: no se entra a ningún cuarto de hospital sin permiso. En los hospitales nadie pide permiso. Los médicos, las enfermeras, entramos, salimos; prendemos y apagamos la luz; te llevamos, vamos, venimos; te pinchamos, te sacamos placas: todo con el objetico de ayudar, por supuesto, pero así funciona. Los chicos y sus familias no tienen la potestad de decir que no. A los únicos que pueden decirles que no es a los payasos. Es muy divertido cuando eso sucede. Disfrutan decirle a un payaso que sí y a otro que no. Es un juego que comienza desde la puerta.

Esto del permiso tiene que ver con el respeto y con generar un vínculo de confianza. Los artistas utilizan un guardapolvo blanco que, si bien está tuneado artísticamente, sirve para empezar a desdramatizar las figuras del médico y de la enfermera, pero, fundamentalmente, para mostrar que los payasos de hospital son parte de la institución hospitalaria y que la institución hospitalaria puede ser de otra manera.

 

También es un permiso sobre el espacio propio…

Un chico puede decir que no y, al hacerlo, ese chico está recuperando su subjetividad. Que los payasos detecten un emergente como puede ser la remera de un cuadro de fútbol, un acolchado de la Mujer Maravilla, o que sepan que un chico es de la provincia de Salta y que el juego comience a partir de esas premisas, ayuda también a esa reafirmación, consolidación o recuperación de la identidad. El niño es una persona y no un número de cama o un órgano afectado.

 

¿Qué otras buenas prácticas toman en cuenta?

Estos proyectos tienen éxito cuando se trabaja con artistas que se han formado durante muchos años y que operan en duplas, nunca en solitario. Nuestros artistas se forman primero como actores, luego como clowns y finalmente como payasos de hospital. La formación integral con Alegría Intensiva requiere de cuatro a cinco años de dedicación para poder hacer profesionalmente esta tarea.

Además, el trabajo debe ser orgánico. Es decir, tiene que haber una organización detrás que acompañe este trabajo: directores artísticos que supervisen, supervisores psicológicos que asistan a los artistas, asesores médicos respecto a temas hospitalarios y de bio-seguridad, entre otros.

Las buenas prácticas también deben comprender un trabajo sistemático y regular. Payasos de Hospital funciona de marzo a diciembre en 10 hospitales a los que vamos dos veces por semana. Para nosotros es importante que el trabajo de los artistas sea rentado. Los artistas tienen derecho a vivir de lo que les gusta. En Alegría Intensiva esto ley y por eso trabajamos mucho para generar recursos.

 

¿Cómo se financian?

Payasos de Hospital puede ofrecer su trabajo en los hospitales públicos gracias a las donaciones privadas y de empresas, a los subsidios estatales, a la recaudación que hacemos en algunos eventos y a los proyectos productivos como el Centro de Formación. Proyectos como el nuestro se tienen que autofinanciar.

 

¿Cómo se mide el impacto de este tipo de proyectos?

Hasta el momento realizamos evaluaciones tres veces al año. De ellas participan tanto los payasos de hospital y los directores médicos y artísticos de Alegría Intensiva, como directores de hospital, jefes de servicio, jefes de sala, médicos, residentes, enfermeros, camilleros y asistentes médicos. Detectamos fortalezas y oportunidades de mejora que aplicamos a nuestro trabajo. Hacer un trabajo de investigación no sólo es muy costoso económicamente, sino que además se lleva muchas horas de trabajo de la organización; con la creación del Centro de Estudios vamos a poder tener, de acá a ocho o nueve meses, nuestro propio trabajo.

Por otro lado, la observación directa hace evidente que, a través del trabajo artístico, se mejoran los vínculos de los chicos con sus tratamientos, con los médicos, con los enfermeros, con el hospital y con sus papás. También mejora la percepción que tanto los chicos internados como sus padres tienen del hospital. Esto no puede medirse de forma rígida y cuantitativa, sino que es necesaria una compleja fórmula que incluya variables cuali y cuantitativas. Estamos tratando de abordarlo desde todos los ángulos que creemos pertinentes: observación directa, encuestas propias, evaluaciones con los hospitales y trabajo de investigación.