11 de septiembre: Día del autor, un festejo que celebra la creación original

En 1950, para celebrar el 40° aniversario de su fundación, Argentores instituyó este día para homenajear a los dramaturgos en nuestro país. 

El 11 de septiembre de 1910, tras varios intentos infructuosos, un grupo de autores argentinos se puso de acuerdo para crear una entidad que los agrupase. Ese día nació la Sociedad Argentina de Autores Dramáticos y Líricos, hoy Argentores. Cuarenta años después, para celebrar el aniversario de su fundación, la sociedad instituyó esa fecha como Día del Autor.

Los padres de la entidad fueron 34 decididos dramaturgos reunidos en la casa de Enrique García Velloso, quien fue su primer presidente. Lo acompañaban José de Maturana, Alberto Ghiraldo, Arturo Pérez Pastor, Ezequiel Soria y José González Castillo, entre otros.

En la publicación Argentores: un siglo en defensa del autor, la autora, directora e historiadora de teatro Beatriz Seibel explica que los dramaturgos habían visto la posibilidad de organizarse ante la inminente sanción de la Ley de Propiedad Literaria. “La ley se origina en un conflicto causado por la representación de la obra El velo de la felicidad de Georges Clemenceau, quien se halla en Buenos Aires para el Centenario. El autor se indig­na porque no han pedido su autorización y quiere pro­hibir las funciones, pero no es posible porque no existe ley de dere­chos de autor. En homena­je al ilus­tre visi­tante, el diputado Manuel Car­lés pre­senta un proyec­to de ley redactado por Paul Grous­sac, que el Con­greso sanciona rápi­damente. La Ley 7.092, llamada Ley Cle­men­ceau, del 23 de septiembre de 1910, es la pri­me­ra que legis­la sobre pro­pie­dad cientí­fica, lite­ra­ria y artís­tica”, escribe. La ley fue reformada en 1914 por la ley 9.510 y en 1933 se creó la Ley de Propiedad 11.723, que asegura los derechos de autor y sigue vigente. 

En Argentina, mientras el creador está vivo, le corresponde recibir los derechos de autor; a partir de su muerte y durante las siete décadas posteriores son sus herederos o los titulares quienes detentan el derecho y, vencido ese plazo, la obra cae en el dominio público. Esto es así porque en nuestro país, el dominio público es pagante (DPP). Así lo estableció, en 1958, el decreto ley 1224; el mismo que dio origen al Fondo Nacional de las Artes. 

El DPP consiste en un gravamen a pagar al FNA por el uso de toda obra nacional o extranjera una vez agotado el plazo de protección legal.  

Si bien no es necesario requerir autorización alguna para la utilización de una obra caída en DPP, sí resulta requisito excluyente el pago del gravamen por dicho uso al FNA. Gracias a esta actividad, el organismo puede seguir financiando el desarrollo de proyectos artísticos de todo el país, no solo aquellos que implica la creación dramatúrgica sino de múltiples disciplinas.

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