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HISTORIA DE LA CASA VICTORIA OCAMPO

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“Me gustan las casas vacías de muebles e inundadas de luz. Me gustan las casas de paredes lacónicas que se abren, dejando hablar al cielo y a los árboles” -Victoria Ocampo

En 1928, inspirada en el estilo racionalista de Le Corbusier, Victoria Ocampo le encargó a Alejandro Bustillo una casa en Barrio Parque con un concepto arquitectónico innovador para la época.

Bustillo no se sintió a gusto con el proyecto ya que su estilo, por excelencia, era el neoclásico francés: “Victoria era una coqueta que siempre se salía con la suya. Esta casa parece una maquette con jirafas, por ese motivo no la firmé.”

En los años ´20 no existían aún en Argentina edificaciones

racionalistas. El obelisco, el Cavanagh y el Gran Rex  fueron todos construidos en la segunda mitad de los años ´30. Cuando Victoria construyó su casa, Buenos Aires era una ciudad diseñada al estilo clásico francés.

La casa comenzó a construirse en el barrio que el arquitecto y paisajista Carlos Thays diseñó como Barrio Parque en 1912 y, rápidamente, se convirtió en objeto de crítica de los vecinos y allegados a Victoria.

 “Tenía hambre de paredes blancas y vacías. Era una nueva manera de vivir.”

Le Corbusier no participó de la concepción del proyecto aunque, en 1929, durante su único viaje a Buenos Aires, lo ponderó: “Es un fenómeno integral. Hay aquí una unidad formidable: un bloque único, homogéneo, compacto. Ninguna falla en la

masiva fundición (…) Ella sola ha tenido el gesto decisivo en arquitectura, construyendo una casa que hace escándalo (…). Encontré en la casa de V.O obras de Picasso y Léger en el marco de un purismo que raramente he visto hasta ahora”.

El edificio está compuesto por varios volúmenes despojados de ornamentación. Las paredes se alzan en una serie de planos, cuadrángulos y cubos desde un solo pilar circular que arranca desde el pórtico central. El hall de entrada continúa los planos luminosos de la fachada. El austero tratamiento de las superficies, con su equilibrada proporción de llenos y vacíos; el manejo de la luz natural en los interiores y su fluida relación con el exterior; y la continuidad espacial sin ornamentos son todos rasgos que hacen a su modernidad.

En 1930, la fundación de la Revista SUR tuvo lugar en las inmediaciones de la Casa. Desde sus inicios, SUR se

convirtió  en una de las revistas literarias más importantes de la época. El fotógrafo Nicolás Forero registró, en 1931, en la escalera central de la Casa, la histórica imagen del Directorio Fundacional (FOTO). En esa foto están retratados Francisco Romero, Eduardo Bullrich, Guillermo de Torre, Pedro Henríquez Ureña, Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Norah Borges, Victoria Ocampo, Enrique Bullrich, Jorge Luis Borges, Ramón Gómez de la Serna, Norah Lange, María Rosa Oliver y Ernest Ansermet.

Tras la muerte de su padre, en 1940 Victoria decidió vender la Casa y mudarse a Villa Ocampo.

Los nuevos dueños tergiversaron la idea original y afrancesaron el interior, cargándolo de molduras pero manteniendo la fachada.  En 1988, sin embargo, la ex modelo Claudia Sánchez compró la Casa y decidió devolverle la austeridad con la que había soñado su primera dueña.

Posteriormente, en 2003, Amalita Fortabat (ex Presidente del Fondo Nacional de las Artes), adquirió el inmueble con el objetivo de que pasase a formar parte de los bienes patrimoniales del Estado. El proyecto de refuncionalización del edificio, realizado por Luis Benedit y Alejandro Corres, tuvo como principal desafío hacer que una construcción concebida inicialmente como vivienda familiar comenzara a funcionar como espacio de uso público.

En primer lugar, los arquitectos buscaron restaurar la versión original de la fachada, ya que el frente había sido

alterado años atrás. Los planos fidedignos con la documentación original de Bustillo permitieron cumplir este primer objetivo.

En 2005 la casa abrió al público como Casa Victoria Ocampo con la finalidad de ofrecer un espacio de difusión para las producciones artísticas de nuestro país.

En las habitaciones del segundo piso se instaló la Biblioteca Raúl Castagnino, donada por la familia del gran crítico teatral en 2008, y en la planta baja una librería donde el público puede adquirir publicaciones del FNA y de otras editoriales.

En agosto de este año, un equipo de especialistas en preservación y patrimonio comenzó una reforma integral de la Casa con el objetivo de continuar el trabajo de Benedit y Corres y restituirle su aspecto original.

En esta nueva temporada, que comienza con la actual reapertura, su programación incluye exposiciones de artistas de todo el país, muestras internacionales, ciclos de conversaciones con referentes culturales, artistas e intelectuales para reflexionar acerca de temas de actualidad, un ciclo de conciertos y presentaciones de libros.

La Casa Victoria Ocampo es una casa amiga y anfitriona; un espacio que convoca a artistas y a referentes de las artes y de la escritura, a diseñadores, artesanos e intelectuales. Su programación busca continuar con el legado de Victoria Ocampo y constituirse en un espacio que potencie y expanda el espíritu creativo de todos los artistas, creadores e intelectuales del país.

Foto cortesía de la Asociación Civil ARCA
Foto cortesía de la Asociación Civil ARCA
Foto cortesía de la Asociación Civil ARCA
Foto cortesía de la Asociación Civil ARCA
Foto cortesía de la Asociación Civil ARCA

Sur

Por Ivonne Bordelois

La revista Sur, compañera de la Editorial Sur, fue testigo y escenario privilegiado entre 1933 y 1971 (fecha en la que dejó de publicarse regularmente) de los avatares intelectuales más notables del siglo XX y permanece como un ilustre ejemplo de la esperanza y la visión denodada de una criolla de talento y olfato portentoso que supo detectar y plasmar algunas de las corrientes y las preguntas más significativas de su tiempo.

Ayudada por un equipo de literatos que ella supo elegir entre muchos desconocidos, Victoria Ocampo desplegó a Sur como una aventura del pensamiento liberal en épocas tempestuosas que precedieron y siguieron a la segunda guerra mundial. Contrariamente a una falsa tradición que la rodea, no sólo fue la generosa anfitriona y traductora del pensamiento europeo y norteamericano en la Argentina, sino una potente emisaria de las letras argentinas y latinoamericanas en un mundo que ya era global mucho antes de su catalogación bajo este nombre.

Sur fue, ante todo, un lugar de encuentro internacional y un foro de escrituras y lecturas de excelente nivel, destinadas a descifrar “el aire de los tiempos.” Desde Rabindranath Tagore a André Malraux, desde Graham Greene a André Gide pasando por Aldous Huxley, desde Jules Supervielle a Alfonso Reyes pasando por Dylan Thomas, toda una constelación de nombres imprescindibles ilumina las páginas de la revista, excepcionalmente longeva. Es con todo fundamento y justicia que Gabriela Mistral le escribe a Victoria: “Ud. ha cambiado la dirección de lectura de varios países en Sudamérica”.

Aún cuando la labor de Sur ha sido y es representada a veces, erróneamente, como “una empresa de traducción”, no cabe olvidar, por ejemplo, que la mayor parte de los cuentos de Ficciones, de Borges, aparecieron primero en Sur —ciertamente, no como traducciones. No solamente Borges, sino Paz, Lorca, Alberti, Mistral, Neruda, Cortázar escriben en Sur— nombres que, por cierto, no se reunían frecuentemente en otras publicaciones de la época. Sur no fue solamente receptor: fue emisor, del mismo modo que Victoria no fue solo lectora y escuchante, sino hablante y escritora.

Otro prejuicio corriente presenta a Sur como la fácil tribuna oficial de los valores ya establecidos, contra toda evidencia. Cuando llegan a Sur, Sábato y Bianco son dos desconocidos; lo mismo cabe decir de Murena y Pezzoni; Borges, exagerando, dice que él mismo lo era; pero lo irrefutable es que si el nombre de Borges llega a la arena internacional es por intermedio de Caillois y Drieu La Rochelle, ambos colaboradores de Sur y amigos de Victoria, que dan a conocer a Borges en Francia. Lo mismo ocurre con escritores de otras procedencias: Michaux prácticamente no existía cuando Victoria lo publica en Sur; el mismo Caillois era uno de los tantos jóvenes brillantes de París cuando Victoria lo conoce y al cabo de muchos años hace de él el editor cuyos libros serán lanzados por los aviones de la liberación en territorio francés, al final de la Segunda Guerra Mundial.

La verdad es que Sur nació tambaleante, entre el escepticismo de los escritores que la rodeaban, sin adherir totalmente a su riesgosa empresa. Fue sólo cuando el barco empezó a navegar airosamente, habiendo sorteado toda clase de escollos y cosechado inesperados aplausos desde los horizontes más diversos y prestigiosos, cuando la aventura se convirtió en fervoroso proyecto: los más reticentes saltaron ágilmente a cubierta y se incorporaron a la estela rutilante del éxito nacional e internacional duramente sembrado y cosechado por Victoria. Con razón pudo decir Octavio Paz que Sur representó la libertad de la literatura frente al poder.

Sin embargo, la estela de Sur persiste justificadamente en nuestros días, como una parte de su irrenunciable testamento. Es una puerta única, entreabierta a las riquezas y contradicciones del siglo XX, y una clave cierta para “inscribir nuestro enigma en el universo y entrar en comunicación con él”. Ojalá que sea también una clave preciosa que ayude a descifrar el enigma Victoria Ocampo —como lo dijo Paz, no una figura mitológica sino una mujer dotada de generosidad, cólera e imaginación— y a prolongar su misteriosa energía por el universo.

En 1930, Victoria Ocampo le escribe a José Ortega y Gasset: “He aquí mi proyecto: publicar una revista que se ocupe principalmente de problemas americanos, bajo varios aspectos, y donde colaboren los americanos que tengan algo que decir y los europeos que se interesen en América. El leitmotiv de la revista será ése pero, naturalmente, tratará también otros temas”.

El nombre de Sur fue elegido, a la distancia, por el filósofo español José Ortega y Gasset. Pero la idea de editar la revista la tuvo el novelista norteamericano Waldo Frank, un intelectual de izquierda que convenció a Victoria de la importancia de que ella llevara a cabo semejante proyecto. Así surgió Sur, uno de las emprendimientos culturales más importantes del siglo XX que publicó los trabajos de las principales figuras de la literatura, filosofía, historia y artes pláticas, no sólo de América latina sino también de Norteamérica y Europa occidental. Además, desde Sur se llevó a cabo la traducción de muchos de los autores más prestigiosos de la época, introduciendo así la literatura latinoamericana al público europeo y viceversa.

El modelo de Sur fue la Nouvelle Revue Française, creada en París en 1909 y la Revista de Occidente, fundada por Ortega y Gasset en 1923. Sur sobrevivió a más de cuatro décadas y fue “la libertad de la literatura frente a los poderes terrestres. Algo menos que una religión y algo mas que una secta” según las palabras de Octavio Paz. El primer número de la revista apareció en el verano de 1930-31, llevaba la tapa blanca y una flecha verde clavada sobre las letras negras de Sur.

Trimestral, con 199 páginas, y colaboradores entre los que se encontraban Drieu La Rochelle, Borges, Waldo Frank, Eugenio D’Ors, Ansermet, Walter Gropius y Alfonso Reyes. Apolítica, publicó a escritores de izquierda y de derecha, y aún así recibió duras críticas: dijeron, entre otras cosas, que era una revista elitista, creada para satisfacer a los lectores extranjeros. Pero lo cierto es que Sur pudo abrirse al mundo como ninguna revista de su época, y vio más allá de movimientos estrictamente nacionalistas o regionalistas para abarcar tanto corrientes europeas como hispanoamericanas. El escritor y ensayista Blas Matamoro ha escrito en su libro Genio y figura de Victoria Ocampo: “El grupo de Sur no puede pensarse como una expresión de clase, según se ha ensayado alguna vez. Decir que Sur fue una revista de la oligarquía porteña, aunque se limitara este concepto a su capa intelectual, es harto inexacto. La oligarquía porteña nunca se dedicó a este tipo de empresas, y entre los animadores de Sur hay tanta clase de esta gente como de otras”.

Ocampo intentó, siempre, que su revista fuera plural y democrática. Fue antinazi y antifranquista y celebró el triunfo de los aliados. Cuando el peronismo llegó al Gobierno, en 1946, no disimuló su disgusto. En 1955, derrocado Perón por un golpe militar, festejó su caída. Los jefes de redacción de Sur fueron Eduardo Mallea, con Guillermo de Torre como secretario, José (Pepe) Bianco quien duró veintitrés años, Borges, Raimundo Lida, Ernesto Sábato, María Luisa Bastos y Enrique Pezzoni. Hacia 1933 se le sumó la editorial Sur que publicaría la mejor literatura de la época: Borges, Sábato, José Bianco, Juan Carlos Onetti, Horacio Quiroga, Bioy Casares, D. H. Lawrence, Jung, Virginia Wolf, García Lorca, Camus, Nabokov, entre otros.